Con el aire fresco del amanecer, hoy se ha levantado tu sonrisa, Marilyn. (No te esfuerces, Scarlett, Marilyn no hay más que una, y, por mucho que te arregles y te peines como ella, no dejarás de ser sólo una imitación; aunque tampoco está nada mal como eres). Ay, esa falda. Anoche tuve la oportunidad de volver a ver a Marilyn Monroe, en "La tentación vive arriba", una película que, por algún misterioso motivo, se me había escapado hasta ahora. Curiosamente, en la escena donde se le levanta la falda para refrescarse los... tobillos, aparece siempre de medio cuerpo, bien de cintura para abajo, bien el busto y sus palomares, y no como en las fotografías que todos conocemos. Unas fotos que, por cierto, le costaron el divorcio de su marido de entonces, el jugador de béisbol Joe DiMaggio. Nadie como ella para encarnar el papel de rubia tonta. O no tanto, que al parecer tenía un coeficiente de inteligencia superior al del mismísimo Einstein; gloriosa siempre y fascinante en cualquier caso. Es verdad que hay sonrisas, flashes, que atontan, y la suya es una de ellas. Es aparecer en pantalla y quedarte literalmente turulato, bajo el péndulo de su mirada y de las palabras que, aun en toda su intrascendencia, no dejan de parecer mandatos divinos. Fantástica Marilyn y fantástico Billy Wilder en la dirección y en el guión suyo y de George Axelrod, que en algún momento me recordó al Mihura de "Tres sombreros de copa". I wanna be loved by you, Marilyn, aunque sólo sea en ese transbordo a los sueños que es el cine. Ya, ya sé que esta canción pertenece a otra cinta -con otra vez las faldas y el maestro Wilder de por medio-, pero es siempre tan dulce oírla de tus labios, Marilyn...
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jueves, 17 de febrero de 2011
lunes, 8 de marzo de 2010
Mientras dormías
Te conocí mientras dormías. Bueno, en realidad no eras tú quien dormía, sino el tipo aquel al que salvaste de ser arrollado por el tren y del que estabas enamorada en secreto después de mucho frecuentar la ventanilla en la que le despachabas los billetes. Antes ya habías demostrado tus dotes como piloto en “Speed”, en compañía de Keanu Reeves, y de policía en “Demolition man”, junto al musculitos de Sylvester Stallone. Pero fue en esta película, como te decía, “Mientras dormías”, cuando te vi por primera vez. Yo entonces también me enamoré de ti en silencio, cuando te veía abrazando a Bill Pullman en los carteles de la película y me imaginaba que era a mí a quien abrazabas.Este caballero no tuvo oportunidad de salvarte del tren, ni de repartir mandobles para rescatarte de algún villano que te hubiera raptado, pero aun así siguió pensando en ti, por lo menos tantas veces como te veía en alguna película o en las ocasiones en que volvía a encontrarse con esos brazos que se abrazaban a un cuello que seguía imaginando suyo.
Después de esta película, no puede decirse que tu trayectoria como actriz, salvo algunos títulos, haya sido muy afortunada, con comedias románticas –un género en el que compartes reinado junto a Julia Roberts y Meg Ryan- que se salvaban sólo por tu presencia, o películas de acción como “La red”, además de alguna incursión en el drama, como en la extraordinaria “Crash”. Hoy me entero de que, precisamente en otro papel dramático, te han concedido el Oscar a la mejor actriz, por una película, “The blind side”, aún no estrenada en España y en la que interpretas a una mujer de familia blanca rica que adopta a un adolescente afroamericano sin recursos y le ayuda a salir adelante en la vida a través del fútbol americano. Enhorabuena, pues, Sandra, por esta estatuilla y que esa sonrisa tuya siempre a punto nos siga transportando a ese cielo posible que se abre con las ventanas del celuloide.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Una mirada de cine

Sólo un tipo duro como Humphrey podía haber resistido ese fuego del cielo. No me extraña que en su primer trabajo juntos, “Tener y no tener” (1944), quedara prendido de ella y se casaran al año siguiente. Hace unos días, Betty Joan Perske recibió el Oscar honorífico por su carrera cinematográfica. Seguro que este nombre no les dice nada, pero si escribo Lauren Bacall, seguro que caen en la cuenta. O “The Look”, La Mirada, tal como era conocida por la intensidad de la misma.
Esto de los Oscar, como casi todos los premios, tiene a veces sus injusticias, sus lagunas inmensas, y la no concesión de este premio a Lauren Bacall era una de ellas. Claro, que tampoco se lo concedieron a Alfred Hitchcock (sí, han leído bien), ni a Howard Hawks (el de “La fiera de mi niña” y otro buen puñado de obras maestras), ni a Cary Grant como mejor actor, y se tuvieron que conformar con el honorario. Y a un maduro John Wayne, cuando después de viajar en “La Diligencia” para defenderla de los indios o de recorrerse medio Monument Valley en busca de Natalie Wood en “Centauros del desierto”, al fin se lo concedieron por “Valor de ley”, película en la que aparecía con un parche en un ojo, no se le ocurrió otra cosa que exclamar: “Si lo llego a saber, me lo pongo antes”. Comprensible su respuesta.
Lauren Bacall sólo estuvo nominada una vez, como mejor actriz secundaria
, por “El amor tiene dos caras” (1996); hubiera tenido narices (las de Barbra Streisand, su hija en la película) que se lo hubieran concedido por esta interpretación. Bienvenida sea, por tanto, esta concesión del Oscar, aunque haya tenido que esperar unos cuantos años y se le haya concedido casi por la puerta de atrás, en una ceremonia que por primera vez se desgaja de la gala de la Academia de Hollywood. Títulos como “El sueño eterno”, “Cayo Largo”, “Cómo casarse con un millonario”, “Escrito sobre el viento” o “Mi desconfiada esposa” brillan con luz propia en el universo cinematográfico; y, en cada uno de ellos, una mirada que traspasa las pantallas, que te desarma y te fulmina hasta casi disolverte en el éter: Lauren Bacall, The Look, La Mirada.
Esto de los Oscar, como casi todos los premios, tiene a veces sus injusticias, sus lagunas inmensas, y la no concesión de este premio a Lauren Bacall era una de ellas. Claro, que tampoco se lo concedieron a Alfred Hitchcock (sí, han leído bien), ni a Howard Hawks (el de “La fiera de mi niña” y otro buen puñado de obras maestras), ni a Cary Grant como mejor actor, y se tuvieron que conformar con el honorario. Y a un maduro John Wayne, cuando después de viajar en “La Diligencia” para defenderla de los indios o de recorrerse medio Monument Valley en busca de Natalie Wood en “Centauros del desierto”, al fin se lo concedieron por “Valor de ley”, película en la que aparecía con un parche en un ojo, no se le ocurrió otra cosa que exclamar: “Si lo llego a saber, me lo pongo antes”. Comprensible su respuesta.Lauren Bacall sólo estuvo nominada una vez, como mejor actriz secundaria
, por “El amor tiene dos caras” (1996); hubiera tenido narices (las de Barbra Streisand, su hija en la película) que se lo hubieran concedido por esta interpretación. Bienvenida sea, por tanto, esta concesión del Oscar, aunque haya tenido que esperar unos cuantos años y se le haya concedido casi por la puerta de atrás, en una ceremonia que por primera vez se desgaja de la gala de la Academia de Hollywood. Títulos como “El sueño eterno”, “Cayo Largo”, “Cómo casarse con un millonario”, “Escrito sobre el viento” o “Mi desconfiada esposa” brillan con luz propia en el universo cinematográfico; y, en cada uno de ellos, una mirada que traspasa las pantallas, que te desarma y te fulmina hasta casi disolverte en el éter: Lauren Bacall, The Look, La Mirada.
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