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martes, 28 de febrero de 2012

Pasaba por aquí


No sé muy bien qué decirte. Hace casi tres años pasaste por mi tierra triste y cansada y la llenaste de pájaros y extravíos, la prisionera ilusión de quien sabe que nunca podrá mirarte a los ojos. Luego, como el resto de astros, proseguiste tu órbita hacia quién sabe qué cielos o silencios infinitos. Hoy me he atrevido a mirarte de nuevo para felicitarte por tu cumpleaños. No sé los que cumples, aunque lo suponga. Tampoco importa demasiado, porque he visto que sigues conservando ese aire de eterna Lolita. Quizá tampoco importen estas palabras que no conocerás, un silencio en la noche o un susurro en la lluvia. Pero pasaba por aquí y eran lo único que tenía.

A Natalia Vodianova,
Muchísimas felicidades.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Estrella fugaz


Me gustan estos días de noviembre porque parece que me voy a encontrar de nuevo contigo, porque, aunque entonces te hallé, desapareciste en la misma senda por donde viniste, en la del otoño más alto, en la de los oros cansados y fugaces que son la puerta del sueño. Ahí están de nuevo el camino y el tiempo de entonces, para volver a encontrarte coronada con el sol que agoniza y con el hada del instante, el que siempre me devuelve tu rostro en estas horas delgadas y solemnes que serán siempre tuyas.

jueves, 20 de enero de 2011

Los nombres compuestos


Encontró de nuevo el caballero una dama con la que -esta vez sí- descifrar el alfabeto de la luna. Le pareció que se trataba de ella, la tanto tiempo soñada, porque su aparición fue como la de un ángel; la transparencia y la calidez de sus palabras, ese jardín que dejaban intuir sus frases sólo podían provenir de las más altas regiones celestes. No hacía mucho que se había incorporado al lugar donde él trabajaba desde hacía años, y apenas sabía gran cosa de ella, de esos mundos que imaginaba altos y nevados con sólo su presencia; sus relaciones había ido poco más allá de los saludos y las frases de rigor. Pero daba por supuesto que esa luminosidad que experimentaba al escuchar su voz ella también la sentiría con él, que, si bien era cierto que parecía mostrar la misma calidez y amabilidad con otros compañeros de trabajo, estaba convencido, por razones que él solo sabría explicar, de que el elegido había sido él.


Aquel día estaba contento porque por fin había podido acceder al mundo que ella frecuentaba, a su círculo de amigos; lejos de la rutina del trabajo, tenía por fin la oportunidad de conocer quién era en realidad aquella hada de la que sólo conocía el nombre y unas cuantas estrellas. Llegado el momento de las presentaciones, llegó el turno en que ella debía nombrar al caballero. Dijo sin dificultad el primer nombre, mas -ay, la maldición de los nombres compuestos- titubeó y erró en el segundo. Todo el universo que se había construido se desmoronó en un segundo. La luna y las estrellas de sus sueños eran en realidad de cartón y papel platilla, y hasta la voz de ella, siempre limpia y luminosa como un domingo soleado, le parecía ahora moneda usada: él era sólo uno más de los beneficiados por la salida del sol, de los bendecidos por su luz generosa. Por supuesto ya no le entregaría la poesía que con tanta ilusión le había escrito, cuyas palabras sentía ahora desaparecer como emborronadas por una lluvia en su alma. Ya sólo esperaba el momento de la despedida, que procuraría buscar lo más pronto posible con cualquier excusa, para refugiarse en su castillo de soledad, un refugio harto conocido cuyo vacío parecían gritar con más fuerza los primeros rayos de la mañana.

domingo, 28 de febrero de 2010

Más allá del papel


Hace poco hablando de ti, y de pronto te encuentro en el periódico, escribiendo distancias y fieros azules, unas pocas tristezas más en las noticias del día. Acaso el fotógrafo sepa qué se esconde en esos ojos, si cuando no miran aún permanecen en su sílaba altiva o si, por el contrario, son capaces de derramar un poco de agua. Jamás conocerás este latido, estos pájaros que intentan volar más allá del papel y de las horas, y si acaso lo conocieras, sólo podría significar mi muerte o mi delirio. Quizá es preferible que seas sólo eso, una página, noticia sólo de lo azul y de su piel devastadora, y yo sólo un lector de cielos, de los prodigios que a veces saltan de su azul distante y puro.

Feliz cumpleaños, Natalia.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Antes de la pausa

Brillaba la inteligencia en sus ojos a través del cristal, a través de las pequeñas lentes que la hacían tan interesante y distinta del resto de las damas. El otro cristal, el de la pantalla del televisor, continuaba siendo para el caballero una barrera infranqueable, mas no por eso desistía su corazón de subirse a alturas imposibles. Añadía esta vez su dama a una belleza mansa, como el pelo liso que descansaba sobre sus hombros, un caudal de simpatía que asomaba en una voz dulce y queda y, sobre todo, en una sonrisa un tanto tímida que le hacía recordar los primeros rayos de la mañana, frágiles y decididos a la vez.

Cada noche, a la hora de la cena, acudía la dama puntual a su cita con los espectadores y con un camino insospechado que alguien trazaba para ella. No se cansaba el caballero de aquella luz tan natural que resistía sin descomponerse bajo la luz artificial de los focos; ni de buscar palabras y estratagemas para lograr que aquella imagen que ahora pertenecía a la fiebre y a la distancia cobrara ante sus ojos líquida presencia. No podía esperar demasiado tiempo esa vida, como alguna vez había supuesto, su efímera luz brillaba tras el cristal y en cualquier momento desaparecería antes de una pausa publicitaria. Sin embargo, nunca pensó que lo abandonara tan pronto, cuando esa misma noche la concursante cayó eliminada y se marchó para siempre al cuarto encendido de los recuerdos televisivos.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Como entonces


Se parece a ti. Diría que eres tú. Es más: yo sé que eres tú, al menos para el reloj del alma. Y tan de blanco como en aquel otoño, con ese triunfo blanco en tu mirada. Cualquiera que no te conociese diría que eres una aparición, un ángel del más remoto cielo; pero yo sé que eres tú, con la certeza de la nieve y la plegaria del anhelo, con ese pájaro oculto en tu mirada. ¿Por qué todas se te parecen en estos días? ¿Por qué siempre vuelves en un cielo de nácar? Mil palabras aguardan que las redimas, que les digas que son tuyas para elevarte. No podía imaginar que siguieses ahí, que en el tiempo de la luz me esperases. Sé que eres tú porque el ángel vuelve, porque el alma te persigue, como entonces, con sus palomas encendidas.

martes, 17 de noviembre de 2009

Veinte años después


Conservaba aquellos recuerdos como en un pliegue del silencio, a salvo del mundo y de sus horas, en donde tal vez sólo el canto de los pájaros pudiese interpretar su auténtico valor. Recordaba las horas de clase, las escapadas al bar a tomarse un bollito a media mañana, las horas en los jardines de la facultad en donde cada beso de ella era como una pequeña muerte en primavera, a salvo de palabras inútiles y del paso acelerado de la gente. Creía ver todavía su rostro deletreado por el sol, cada pliegue y cada sonrisa en su exacto significado, con cada palabra como la auténtica trama de la vida.

Veinte años después de todo aquello, encontró el caballero la posibilidad de abrir aquella puerta, de salir de nuevo a aquella hierba que aún debía de conservar las huellas de sus cuerpos. Había sido algo tan simple como teclear su nombre en las páginas blancas de Telefónica en Internet y encontrar una dirección. Se sorprendía de que fuese el nombre de ella el que apareciese al lado de un teléfono, pues suponía otro nombre en su vida, pero no podía saber qué había sido de su existencia en todos esos años. Pensó en descolgar el teléfono y escuchar aquella voz en otro tiempo tan familiar; sin embargo, finalmente decidió ir en su busca y encontrarse con ella, que las miradas decidiesen lo que habría de suceder.

El pequeño chalé parecía bastante coqueto. Un sauce crecía en una esquina y sus hojas secas regaban el césped de un jardín que suponía cuidado por aquellas manos delicadas que un día tuvo entre las suyas. En la acera de la calle, más y más hojas se amontonaban hasta formar un río hacia el olvido. Apostado en una esquina, no percibió el más mínimo movimiento en la puerta durante un largo rato; alguien, sin embargo, debía de vivir allí, alguien cuyo corazón alentara esas paredes como un día alentó su sueño. Por fin, la puerta se abrió y una figura femenina comenzó a cruzar el umbral, aún borrosa por la sombra y la distancia. Había llegado el momento. Veinte años se encontrarían frente a frente. Veinte años, de golpe en una calle. Sin embargo, antes de percatarse siquiera de quién era esa mujer, giró sobre sus pasos y se dio la vuelta. Prefirió que esos besos y esas caricias viviesen para siempre en la luz de una lejana primavera.

domingo, 4 de octubre de 2009

Sueño de plata

Quiso esta vez el cielo apiadarse del caballero y comenzó a enviar una lluvia mansa y discreta. No se lo pensó dos veces y abrió rápidamente su paraguas para resguardar a la dama con la que acababa de intercambiar unas palabras y que aún permanecía sentada a escasos metros de él. Era también lo que esperaba la dama, que no dudó un instante en refugiarse bajo aquel techo que tan generosamente se le ofrecía. Los dos esperaban que abriesen la puerta y permanecieron de pie y en silencio, aguardando a la persona que no tardaría en presentarse con las llaves, en compañía del único sonido, sosegado y monótono, de la lluvia.

Siempre había soñado algo así, encontrarse con su amada en el íntimo cielo de un paraguas, bajo el sueño de plata de la lluvia. Le parecía que no eran necesarias las palabras, que en ese aire detenido entre los dos se encontraban todas las conversaciones posibles. Creyó morir cuando sintió su mano sobre su brazo, ese ángel con el que se sentiría capaz de las más arduas empresas. Sólo faltaba un paso a lo sagrado, hacia el altar donde sublimar aquel sentimiento que acababa de nacer; un territorio que, sin embargo, jamás osaría traspasar porque la mano que ahora mismo le elevaba del suelo pertenecía a otro sueño, a un camino que había sido ya consagrado. No tuvo que resistir mucho más tiempo la tentación. No tardaron en abrir las puertas del templo y cada uno fue a presentar su ofrenda por separado.

viernes, 28 de agosto de 2009

Esa luz que nunca tuvo


No, no había pasado por ella el tiempo. Sus facciones se dibujaban ante él tal como las recordaba, con los pómulos marcados y ese pelo corto y negro que enmarcaba una perenne sonrisa, con esos ojos que parecían abrir de par en par las ventanas del alma. Sin embargo, lo más sorprendente de todo era el hecho del volver a verla, de tener de nuevo ante sus ojos esos rasgos que creía definitivos en las habitaciones del recuerdo, esos aposentos cerrados para siempre por las llaves del tiempo.

Casi se le escapaban las lágrimas al contemplar con vida aquellos años, aquella luz que, aunque volvía a nombrar de nuevo las cosas, sabía completamente vedada. Imaginaba cómo habría podido ser su vida junto a ella, el roce de esas manos capaces de aliviar la tristeza de las horas; y se preguntaba qué destino o mala estrella era el suyo, que le había privado de tantos sueños trazados.

Tan absorto estaba en sus pensamientos que a punto estuvo de olvidar que lo que estaba viendo era una película y que la chica no era ella sino una actriz que asombrosamente siempre se le había parecido como una gota de agua a otra, que ese tiempo que ahora cobraba vida no era sino un intento amargo del alma de penetrar en esa luz que nunca tuvo.

viernes, 7 de agosto de 2009

Esto es un atraco

Nota entregada por un atracador a la cajera de un banco:

“No sé ponga nerviosa ni dé la voz de alarma. Esto es un atraco. Lo que me tiene que entregar no se encuentra en billetes de 10, 20 ó 50 euros. Es algo valioso que sólo usted posee. No, no toque el bolso; no se encuentra ahí. Ya le he dicho que se tranquilice. Lo que busco lo lleva usted puesto en este mismo momento. Tampoco se mire la ropa. Lo que quiero lo tiene debajo de la blusa, debajo de la piel, y es para muchos el verdadero astro que da vida a esta tierra, cuya posesión alivia el paso de las horas. Ya habrá imaginado a qué me refiero, ¿verdad? Quizá llegue tarde, quizá otro ladrón se me haya adelantado y me tenga que marchar con la bolsa vacía; pero es el último intento para remediar la pobreza de mis manos, esta ausencia de caricias. No levante aún los ojos, por favor; no soportaría su mirada sin respuesta. Déjeme antes decirle que es usted un ángel, que todas las mañanas la observo pasar desde la cafetería de la esquina y con eso ya tengo alimento suficiente para todo el día, que nunca otros pasos vistieron de ese modo la mañana y que en mí hallaría el viento más leal y sincero. Ahora tiene dos opciones. Bien devolverme la nota sin levantar los ojos, en cuyo caso yo me iré tal como he venido, con la bolsa y el alma vacías; o bien devolvérmela con la mejor de sus sonrisas, en cuyo caso, y si resisto esa mirada, supondré que de toda esta locura ha nacido una luz con la que emprender al menos el camino. No intente engañarme, se lo ruego; tal vez mientan sus palabras, pero el brillo de sus ojos la delataría. Gracias.”

miércoles, 1 de julio de 2009

Halló el caballero

Halló el caballero otra dama que ocupara su corazón. Era de tez morena, de un país lejano en el que se diría que siempre reinase el sol, con unos ojos oscuros en los que el silencio parecía clavarse en la infinita soledad de sus pupilas. No supo cómo vino; tan sólo que un veloz caballo pasó a su lado y que desde entonces el corazón también se le desbocó. Las pocas veces que tenía la fortuna de verla, le parecía que una extraña magia paralizaba su cuerpo y sus labios; no encontraría jamás el enemigo ocasión tan propicia para doblegar la fortaleza de su brazo.

Sólo había cruzado con ella algunos saludos de rigor e invisibles sonrisas, pensaba que su pasión naciente era correspondida y no tardó en adecentar en su interior el mejor de los aposentos para tan encantadora dama. Aquel día la vio venir de lejos y tuvo tiempo de preparar el tono de su voz –tan torpe en otras ocasiones- y el discurso de su sonrisa. Por fin llegó a su altura y todo salió como estaba previsto; la voz sonó segura en la mañana y en sus ojos brillaron las monedas del alma. Ella también correspondió afectuosa a su saludo. Mas sólo en apariencia: el timbre de su voz estaba revestido con todo el filo de la distancia y sintió que una lanzada le atravesaba el corazón. Jamás enemigo alguno logró encontrar arma tan poderosa para atravesar el grosor de su armadura.

viernes, 5 de junio de 2009

Encontró el caballero

Encontró por fin el caballero, cansado de recorrer caminos en busca de una causa justa que defender y de trepar por corazones inaccesibles, una dama con quien compartir el final del día. Era de mirada profunda y delicada, como si hasta la más leve brisa alterase su semblante, de aspecto serio mas con una sonrisa que desplegaba inmensa y natural en momentos puntuales, y con un dolor desconocido que parecía escapar en cada gesto suyo.

Le pareció al caballero que semejante dama necesitaba protección constante y comenzó a sentir, en lo más hondo de su gruesa armadura, que un pájaro comenzaba a hacer su nido. Se prometió ofrecerle su espada y su brazo poderoso, además de su corazón curtido en derrotas, para protegerla de todo peligro, y así se puso en camino. Debía salvar un último obstáculo, acaso una magia de luz de un invisible enemigo, pero su lanza nada pudo contra el cristal y los rayos catódicos.

viernes, 29 de mayo de 2009

A donde sueñan las golondrinas

Cuando hace tiempo se presentó a la puerta de casa, no pudo evitar recordarme a mi primer amor. Es ella con veinte años, pensé. Luego, su verbo cálido y sonoro consiguió arrastrarme a la misma región de las palabras, allí donde sílabas y letras parecen afanarse en la preparación de unos esponsales de alta alcurnia. No importaba lo que me decía, si hubiera querido me habría vendido el Empire State o una parcela en el Himalaya, mas, para suerte de mi bolsillo, se limitó a dejarme tan sólo, en la consola de la entrada, unas revistas de los Testigos de Jehová.

Hay personas que, con sólo el timbre de su voz, consiguen atraparte en su puño suave y decidido. Pero lo de esta chica era distinto. Lo suyo era una prisión celeste, a pocos metros de nuestras cabezas, en donde el canto de los pájaros fuera los únicos barrotes, un lugar del que nunca intentaríamos la huida, la prisión más segura del mundo. Yo, por supuesto, tampoco intenté evadirme; mi pensamiento oscilaba entre las burbujas de sus palabras y esos rasgos que me transportaban hacia unos años que creía para siempre en el olvido.

Desde entonces, se ha vuelto a presentar en casa unas cuantas veces más; pero, para mi desgracia, han sido pocas en las que mi mente ha quedado directamente envuelta bajo su lazo dorado, lista para viajar hacia quién sabe qué universo o paraíso. La mayoría de las ocasiones me he visto obligado a escucharla en la distancia, atento el oído tras una puerta ligeramente abierta y con miedo a ser descubierto, aflojados los puños y el alma para ser envuelto en sus hilos invisibles y convincentes, en esas palabras delicadas que se cuelan por toda la casa y que a ratos consiguen de nuevo transportarme a donde sueñan las golondrinas.