Mostrando entradas con la etiqueta Aborto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aborto. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de septiembre de 2011

Lo mismo que su madre

Cuando se estaba debatiendo la anterior ley del aborto, un sacerdote, vestido a la antigua usanza, con sotana, toma un taxi en Madrid. El taxista, que quería burlarse de él, le pregunta guasón:
-¡Vaya! Y ¿qué piensa usted de todo eso del aborto?
A lo que el cura, viendo las intenciones nada serias de su circunstancial interlocutor, le contesta, sin alterarse lo más mínimo:
-Lo mismo que su madre.
Relata el sacerdote que al taxista le dio tal espasmo en la glotis que no volvió a abrir la boca en todo el trayecto, y que al llegar a su destino tuvo que preguntarle cuánto era porque hubiera podido marcharse sin abonarle un duro.

Viene todo esto a cuento porque leo en Libertad Digital que el PP anuncia una "revolución" en la Sanidad, si gana las elecciones, y que derogará la actual ley del aborto. No dudo de las intenciones del PP -tiene recurrida la ley ante el Tribunal Constitucional-, pero que nadie se engañe: si el PP anula la ley vigente, es para volver a la anterior, es decir, a los cien mil abortos anuales. Así lo ha manifestado Mariano Rajoy en varias ocasiones y ahí están las hemerotecas para comprobarlo.

Es triste comprobar cómo un partido que se opuso a la ley anterior, la del 85, la del cura con sotana, se ha transformado ahora en un partido abortista. No hay que olvidar tampoco que durante sus ocho años de gobierno no sólo no movió un dedo por arreglar al menos el coladero que suponía la ley, sino que aprobó además la píldora abortiva, la famosa RU-486. De acuerdo con que la ley actual, que despenaliza el aborto y lo permite en muchachas adolescentes sin consultar a sus padres, es peor que la que había, pero en la práctica vienen a ser lo mismo, el derecho a la vida de miles de inocentes sigue sin estar garantizado.

Me da la impresión de que a muchos militantes y votantes del Partido Popular el cambio de estrategia en este tema les ha pillado con el paso cambiado. Confiaban en un partido que defendía la vida y se encuentran con un partido más, inmerso en la cultura de la muerte; tenían fe en un partido que defendía unos principios, y ahora se encuentran con uno que los cambia por un puñado de votos. Lo mismo sucede con el voto católico, que en su mayor parte va a los populares: no saben, no se enteran, se engañan con unas declaraciones de Mayor Oreja o con las de ayer de Ana Pastor, o, si lo saben, piensan que es el mal menor. Cuando venzan en las urnas, que seguramente lo harán, habrá que recordárselo. Y desde el primer día.


martes, 20 de julio de 2010

Lavando conciencias


Anda uno estos días sumido en el sopor de la enfermedad, pero hay cosas que pronto te despiertan de dolores, fatigas, modorras y demás letargos del verano. Vagando un poco por páginas de Internet, me encuentro con una pequeña tarascada entre uno del PP y otro que le reprocha que, en ocho años de gobierno popular en España, se practicaron 500.000 abortos y nadie de este partido movió un dedo por cambiar la ley. Le contesta el pepero que una cosa es que el aborto esté penado, excepto en tres supuestos, y otra que el aborto sea un derecho.

Evidentemente, no es lo mismo, pero para el caso viene a serlo, porque en ambos supuestos –peor, claro, con la nueva ley del aborto- la pérdida de vidas humanas sigue siendo elevadísima. Curiosa forma tienen algunos de lavar su conciencia, como si ésta pudiera depender de lo que diga una ley. Es decir, que si la ley pena el aborto pero no lo castiga en algunos supuestos, ya me puedo ir a dormir tranquilamente a casa porque en el fondo la ley lo castiga y aquí no ha pasado nada, ya no existen víctimas inocentes ni vidas truncadas en lo más tierno de su desarrollo. No comprendo cómo se puede uno “conformar” con los más de cien mil abortos al año que se producían con la ley anterior.

Se equivocan los del PP si piensan que derogando la nueva ley –algo que todavía está por ver- van a terminar las protestas. Que hay que acabar con esta ley demencial es algo fuera de toda duda; pero que nadie piense que es para volver al “régimen” anterior. Si algo ha tenido de positivo el nuevo engendro parlamentario, ha sido el despertar de una sociedad que hasta hace poco parecía dormida en un tema tan sangrante como el que nos ocupa. Si algo han tenido de positivo las Bibianas, Trinis, De las Vegas y demás pesadillas infantiles, ha sido el de servir de aldabonazo a una conciencia que parecía aletargada entre luces de neón y escaparates. Las protestas van a continuar mientras continúe el derramamiento de sangre inocente, mientras al ser más indefenso, bajo el amparo de leyes inicuas, se le siga negando el derecho a la vida. Al menos desde este sitio.

jueves, 8 de julio de 2010

La víctima más débil


Sacrificios olmecas. Aunque no existe evidencia irrefutable de sacrificio de infantes en esta cultura, se han encontrado esqueletos completos de recién nacidos, así como fémures desmembrados y calaveras, en un sitio olmeca en el estado de Veracruz llamado el Manatí. Estos huesos han sido asociados con ofrendas sacrificiales, particularmente unos bustos de madera.

Sacrificios mayas. La extracción del corazón aparece en algunas ocasiones en el arte maya. Los sacrificados parecen niños. La extracción de corazones de niños se ve en la cerámica pintada. Otro caso conocido es la Estela 11 de Piedras Negras en Guatemala, en la que se ve la cavidad pectoral de un niño sacrificado.

Sacrificios toltecas. En 2007 los arqueólogos anunciaron que habían analizado los restos de dos docenas de niños, de cinco a quince años, encontrados enterrados con figurillas de Tláloc. Los niños, encontrados cerca de las viejas ruinas de Tula, la capital tolteca, habían sido decapitados.

Sacrificios totonacas. Los totonacas en ocasiones sacrificaban niños para extraerles la sangre, la cual era mezclada con semillas para hacer una pasta que se comía entre los adultos.

Sacrificios aztecas. En Xochimilco, al sur de la Ciudad de México, se encontraron los restos de un niño de tres a cuatro años cuyos huesos presentaban una coloración naranja o amarilla traslúcida; texturas tersas o vítreas, y compactación del tejido esponjoso, además de estrellamiento del cráneo.

Sacrificios incas. “Capacocha” era la práctica inca de sacrificio humano, generalmente usando niños. Los sacrificios se hacían en o después de eventos importantes, como la muerte del Inca o durante una hambruna. Se escogía a los niños para ofrecérselos al Inca para esta ocasión. Se cree que los niños usados tenían que ser físicamente perfectos: lo mejor que se le podía ofrecer a los dioses. Los niños eran adornados con ropa fina y joyería, para ser escoltados al Cuzco a fin de reunirse con el emperador, donde se realizaría un banquete en honor de los niños. Entonces, el sumo sacerdote llevaba a las víctimas a la cumbre de la alta montaña, donde los sacrificaba por estrangulación o mediante golpes en la cabeza. Los misioneros escribieron copiosamente sobre el ritual, pero hasta muy recientemente no se había hallado evidencia arqueológica.

Sacrificios siglos XX-XXI. El sacrificio de niños, en especial de los no nacidos, continúa siendo una práctica bastante habitual en nuestros días, sobre todo en la parte del planeta conocida como Occidente. Los dioses antiguos, como Tláloc, Tezcatlipoca, Chalchitlicue o Quetzalcóalt, han sido sustituidos por otros llamados Placer, Egoísmo, Ideología, Fanatismo o Ignorancia. En algunas partes, incluso, se está empezando a sustituir las viejas leyes que condenaban el crimen por otras que lo consideran un derecho, con el fin de enraizar su uso en una sociedad cada vez más dada a estas prácticas antiguas. El método más utilizado para los sacrificios es el llamado “dilatación y curetaje”, en el que se utiliza una cureta o cuchillo provisto de una cucharilla filosa en la punta, con la cual se va cortando al bebé en pedazos con el fin de facilitar su extracción por el cuello de la matriz.

viernes, 12 de marzo de 2010

Aborto libre y progresismo


Esta mañana ha fallecido, en su casa de Valladolid, el escritor y académico Miguel Delibes. Desde “La sombra del ciprés es alargada” (1948), obra que supuso su estreno en las letras y con la cual consiguió el Premio Nadal, hasta “La tierra herida” (2005), escrita con su hijo Miguel, más de cincuenta títulos jalonan la trayectoria de un escritor considerado como uno de los grandes de la literatura española. “Dentro de doscientos años los niños estudiarán la obra de Delibes junto a la de los grandes de la Literatura española: Cervantes, San Juan de la Cruz, Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Calderón, Pérez Galdós, Bécquer, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Aleixandre, Buero Vallejo, Unamuno, Federico García Lorca.”, ha escrito de él el también académico Luis María Anson. Pero no es la intención de este blog escribir una semblanza sobre su vida y su obra; ya se encargará de valorar su figura, desde hoy y en los próximos días, gente más preparada que quien esto escribe. Sí quiero traer, como homenaje, un artículo suyo publicado por primera vez en ABC en 1986 y vuelto a publicar, en este periódico y en otros medios, en sucesivas ocasiones, dado que no parece pasar nunca de actualidad. Se titula “Aborto libre y progresismo”, y es una aproximación al tema del aborto que, como verán, podría haberse escrito hoy mismo y que viene a demostrar que se puede estar a favor de la vida con independencia de la ideología que cada uno profese.



ABORTO LIBRE Y PROGRESISMO

En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.

La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.

Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna “progresía”. En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para éstos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.

Miguel Delibes

jueves, 28 de enero de 2010

Referéndum por la vida

Desde hace unas semanas, promovida por la Confederación Católica de Padres de Alumnos (CONCAPA), se encuentra en marcha una iniciativa, a la que se han sumado algunas organizaciones pro-vida más, para pedir un referéndum sobre la nueva ley del aborto. No dudo en ningún momento de las buenas intenciones de estos grupos, pero no creo que sea una buena idea. Hace unos meses, escribía un post sobre este asunto, “Las leyes no escritas”, en el que a la vez comentaba un excelente artículo de Francisco Rodríguez Adrados sobre el mismo tema, en el que se refería a las leyes no escritas de los dioses, dentro de las cuales se encontraría el derecho a la vida de todo ser humano.

Si entonces decía que una ley sobre el aborto no puede estar sometida al consenso de los distintos grupos políticos, ya que el derecho a la vida se encontraría por encima de cualquier normativa humana, hoy tengo que volver a decir lo mismo ante la propuesta de este referéndum. Así es, el primero de todos los derechos, el derecho a nacer, no puede depender de lo que diga una mayoría en un momento determinado. La dignidad de la vida humana es algo superior a cualquier sistema político, por muy legitimado que se pueda encontrar éste en una época de la historia, como es en nuestro tiempo la democracia. A nadie se le ocurre someter a votación la Ley de la Gravitación Universal de Newton, por ejemplo, o que la Tierra gira alrededor del Sol. Pues lo mismo sucede con la vida humana.

No estaría en todo caso claro, además, el resultado de este referéndum que, de resultar negativo para la postura pro-vida, no haría otra cosa que reforzar el proyecto de ley del Gobierno. Por otra parte, ¿en manos de quién vamos a poner la vida del no nacido? Ahora mismo no hay en el Congreso ningún partido que defienda con rotundidad la vida, pues el Partido Popular lo único que hace es oponerse al nuevo proyecto, pero se encuentra de acuerdo con la legislación vigente, es decir, con los más de cien mil abortos que se producen cada año en España; ha pasado de ser un partido que se opuso a la Ley del año 85 a apostar sin ningún pudor por el aborto. Como para fiarse de nuestros representantes.

lunes, 28 de diciembre de 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

Nieve sucia


Uno ya no sabe cómo definir lo indefinible, cómo poner nombre a lo que no es merecedor de nombre alguno. De forma magistral lo ha resumido Montoro, como es habitual en él, en su viñeta de ayer de “La Razón”. Porque, efectivamente, lo peor de todo es que sí han votado en conciencia, a ningún diputado se le ha obligado a votar a favor de la nueva Ley del Aborto, y si al final lo han hecho ha sido porque más que su conciencia ha pesado esa prebenda altamente lucrativa que es un escaño de diputado. Me pregunto, ahora que estamos a las puertas de la Navidad, qué es lo que van a celebrar esos congresistas que se llaman cristianos pero que no han dudado en amordazar su conciencia con tal de conservar su canonjía. Si a algo se ha parecido el Congreso estos días, ha sido a un mercado, a un mercado de la muerte en el que, a cambio de unos votos, han entrado en el lote unas cuantas vidas más de inocentes. También estos días hemos podido asistir, problemas derivados al margen, al maravilloso espectáculo de la nieve, a esa alfombra para el alma que son esos infinitos campos nevados que se funden con el horizonte. Qué pena. Con los días tan estupendos que ha habido y algunos no pensando en otra cosa más que en emborronarlos con sucias leyes.


martes, 1 de diciembre de 2009

Perdón, violación y aborto

Hace unos días, mi estimado José Luis Alvite, cuya lectura en “La Razón” debo agradecer al inefable José Antonio Zarzalejos, autor en grado de tentativa del asesinato del ABC, hablaba en su columna, entre otros asuntos, del perdón y del aborto, y se sorprendía de que “los mismos que en nombre de Dios se muestran razonablemente capaces de perdonar al violador, sean en cambio intransigentes con quienes defienden un texto legal que permite el aborto de la mujer violada”.

Virtud cristiana es el perdón, en efecto; y mucho amor se necesita para perdonar a la persona que te ha violado, aunque delitos más graves han sido alguna vez merecedores de esta generosidad del corazón. El mismo Juan Pablo II perdonó a quien quiso asesinarle, aunque su hermoso gesto no consiguiera librar de la cárcel a Ali Agca. Y en más de una ocasión hemos podido escuchar cómo algún familiar del terrorismo etarra perdonaba a los criminales. Una cosa es el perdón, algo que no está al alcance de cualquiera y para lo que es preciso una grandeza de espíritu fuera de lo normal, y otra bien distinta la responsabilidad penal. No confundamos, por tanto, ambos términos. El violador podrá ser o no perdonado por la víctima, pero seguiría siendo merecedor de un castigo penal. Trasladando el mismo razonamiento a la cuestión del aborto, una cosa sería el crimen del aborto –esté o no penalizado- y otra bien distinta el perdón que la Iglesia pudiera otorgar a las personas implicadas en él, siempre que hubiera, claro, arrepentimiento por parte de las mismas. Lo que estaría en todo momento fuera de toda lógica, además de la más mínima perspectiva humana, sería considerar como un derecho ambos delitos, la violación y el aborto. ¿Se imaginan que algún político defendiera un supuesto derecho a la violación? Enseguida lo correrían a gorrazos, como es lógico. Pues en el mismo caso nos encontramos con aquellos que pretenden elevar el aborto a la categoría de derecho, con la consideración, además, de que esta acción, poner fin a una vida humana, es mucho más grave que la violación. Nos encontramos, por tanto, con que la nueva ley pretende no ya la despenalización de un delito –que continúa siendo horrible-, sino la consideración del mismo como un derecho.

Se hablaba también en ese artículo de la intransigencia, y muchas veces da la impresión de que siempre que sale esta palabra a relucir tuviera que ser necesariamente algo negativo. Pues yo sí me apunto a esa intransigencia que no permite la muerte de un ser inocente, como me apunto a la que no permite cualquier otro crimen, como me apunto a la que no permite la violación, porque, en definitiva, eso de “un texto legal que permite el aborto de la mujer violada” no significa otra cosa que “un texto legal que permite el asesinato de un ser que no ha tenido ninguna culpa de la violación”.

viernes, 23 de octubre de 2009

Las leyes no escritas


Hablaba Francisco Rodríguez Adrados, en un extraordinario artículo el pasado domingo en “La Razón”, sobre las leyes no escritas de los dioses, que serían “aquellas que proclamaba Antígona frente a Creonte en la Antígona de Sófocles. Aquellas previas a cualquier legislación positiva en cualquier nación o sociedad. Las que obligan a todos porque son, simplemente, hombres. Son universales, previas a opiniones y partidos, a las religiones. Hay lo que se puede votar y lo que es implacablemente verdadero, como que ahora es de día o de noche”.

En efecto. Hay cosas que no se pueden someter al consenso de todos, como se ha hablado estos días, hay leyes que son anteriores a cualquier normativa humana, que sólo debería limitarse a velar por su cumplimiento. Entre las violaciones de estas leyes se encontrarían aquellas que atentan contra la vida, como el aborto libre, que es “una de las primeras violaciones de las leyes no escritas, las de Sófocles, las leyes de la vida. La vida está por encima de las constricciones e igual el amor, del que procede. Entonces, ¿por qué tronchar vidas humanas que quieren nacer? Es, simplemente, un homicidio”.

El día o la noche, la vida o la no vida –y más ahora, con los últimos descubrimientos científicos- son cosas que no se deberían someter a votación alguna. O se es o no se es. No existe nada llamado “preembrión”, que es un término acuñado por los grupos abortistas; la vida tiene un momento de inicio, y éste no es otro que el momento de la concepción. Cualquier persona, sea cual sea su ideología, su creencia o no creencia, debería apostar siempre por un valor universal como es la vida.

A lo largo de la Historia –continuaba diciendo Rodríguez Adrados-, han existido siempre homicidios admitidos por las distintas sociedades, ya sea en el ámbito militar, judicial o religioso; sin embargo, hoy cualquier hombre con un mínimo de sensibilidad se horroriza ante todo esto. Entonces, se pregunta Adrados, “¿por qué tantos y tantas promocionan el aborto, que es homicidio de un hombre indefenso y sin culpa? ¿Qué pretenden? ¿Que nuestra sociedad se agoste? ¿Dejarle paso al emigrante?”. Un tiempo, este nuestro, en el que la conciencia parece anestesiada, seguramente por cobardía, por no atreverse a mirar a la realidad, por el “puro egoísmo de los que, con ayuda de una ley, rehuyen de algún modo, quizás sin convicción, aceptar la culpa. Porque hay una culpa, nadie lo dude. Contra las leyes no escritas de la Humanidad”.

miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Quién rompe ese silencio?


¿Quién rompe ese silencio,
el sagrado momento de la creación,
pequeños universos que cada día crecen
en sagrarios maternos?
Dijo Dios: “Hagamos al hombre”,
y desde entonces comenzó a soplar
cada día pequeños trozos de barro,
con su aliento divino,
con su aliento de vida,
con sus leyes divinas
que la razón conocería.
Quiso dejar al hombre al cuidado de aquel proceso,
para que velara su obra
y participara de ella,
que tuviera en sus manos
aquella diminuta eternidad
que lloraba y reía,
aquel pequeño ser
destinado al tiempo y la gloria.

sábado, 10 de octubre de 2009

Imágenes que gritan

Impresionantes las imágenes que nos ofrecía el jueves “La Razón” de unas ecografías en 4D en las que se aprecia con toda claridad que el feto es un ser humano que gesticula y se mueve; todavía se pueden ver en la videoteca de su página digital, en los “+vistos”. Es tanta la diferencia de las imágenes tradicionales de una ecografía con estas realizadas en 4D, que muchas mujeres que pensaban abortar han cambiado de opinión, según afirma el doctor Luis Alcázar, jefe de Ginecología de la Clínica Universitaria de Navarra, autor de las ecografías.

En uno de estos vídeos podemos ver un feto de 14 semanas (13 semanas y 4 días de gestación, para ser exactos), un tiempo insuficiente, según la nueva Ley del Aborto, para garantizarle el derecho a vivir. Aquí no se habla para nada de creencias religiosas o de ideologías; sólo de vida, de una vida humana -¿se entera por fin, ministra?- en sus primeras fases, una etapa más de un proceso –el ser humano- que comienza en el momento de la fecundación y termina en el momento de la muerte. ¿Qué más se necesita para que algunos se quiten la venda de los ojos? ¿Es tan oscuro el horizonte de algunas ideas que impide ver lo que cualquier persona normal vería?

En este vídeo de National Geographic, también podemos ver algunas imágenes en 4D:




martes, 6 de octubre de 2009

El holocausto que no cesa

“Tomemos, por ejemplo, la actitud de los soldados japoneses hacia las mujeres chinas. Se cuentan historias terribles que hablan de la violación de jóvenes y de ancianas en Nankín. Las violaciones en grupo seguidas del asesinato de la víctima eran moneda corriente. Disponemos incluso de alguna que otra prueba de soldados que abrieron el estómago de mujeres embarazadas para clavarles la bayoneta a los fetos.”

El holocausto asiático
Laurence Rees


“En este método se utiliza una cureta o cuchillo provisto de una cucharilla filosa en la punta, con la cual se va cortando al bebé en pedazos con el fin de facilitar su extracción por el cuello de la matriz. Durante el segundo y el tercer trimestre del embarazo, el bebé es ya demasiado grande para extraerlo por succión; entonces se utiliza el método llamado por dilatación y curetaje. La cureta se emplea para desmembrar al bebé, sacándose luego en pedazos con ayuda de los fórceps. Este método está convirtiéndose en el más usual.”

Aborto por dilatación y curetaje


Ambas acciones parecen contemporáneas, sin embargo, entre las dos han transcurrido más de sesenta años. No hemos avanzado nada. Los mismos crímenes de entonces se siguen cometiendo en la época actual. Cambian los protagonistas y, lo que es más terrible, que ahora se haga en la mayoría de ocasiones con el consentimiento de la mujer embarazada, pero el resultado es el mismo, la muerte del inocente, del más débil; estremece pensar que en los dos casos se sigue utilizando un cuchillo para acabar con la víctima.

Bien sabían los soldados japoneses lo que hacían. No estaban acabando con la vida de ningún animal, ni de ninguna especie vegetal en sus primeras fases. De sobra sabían -¿verdad, ministra?- que lo que habitaba en el interior del seno materno era un ser humano en sus primeras fases de desarrollo; no hacía falta que después vinieran los científicos a demostrarlo con toda exactitud, bastaba un poco de sentido común para saber que aquello era una vida, y una vida humana.

Estos japoneses –soldados al fin y al cabo, embrutecidos por una terrible guerra- al menos luchaban, cegados por el odio, contra el enemigo, contra las mujeres y los hijos de sus enemigos, aunque su acción no admita disculpa alguna. Pero ¿y hoy?, ¿contra qué enemigos se lucha hoy? ¿Contra qué enemigo puede luchar una muchacha de dieciséis años? Pero, en un futuro que esperemos no quede muy lejano, si es que para entonces hemos conseguido poner fin a este holocausto que no cesa, ¿qué nombres recibirán los dos bandos?, ¿cómo se llamará esta guerra?



martes, 1 de septiembre de 2009

La píldora del día después es abortiva

A partir de este mes de septiembre que hoy comienza, la píldora poscoital, la famosa píldora del día después, comenzará a venderse en las farmacias sin receta médica, a cualquier mujer que la solicite, sin límite de edad. En el folleto informativo que se entregará con la píldora, Sanidad intenta reducir sus efectos secundarios al mínimo, presentándolo como un medicamento carente de riesgos. Sin embargo, no es esto de lo quiero hablar hoy, sino de otro punto del folleto en el que se afirma que la píldora “es un medicamento hormonal que impide o retrasa la ovulación y en la mayoría de los casos evita el embarazo, pero nunca lo interrumpe. Esta píldora no es abortiva”.

Nada tendría que objetar a esta última afirmación –creencias personales al margen- si no fuera porque es completamente falsa. La píldora del día después es abortiva, interrumpe el proceso de gestación de un nuevo ser humano, que tiene su comienzo en el momento de la fecundación. Este medicamento presenta tres acciones. La primera impide que el óvulo fecundado se implante en el útero, la segunda reduce la velocidad de los espermatozoides y la tercera adelanta o retrasa la menstruación. Es esta primera acción la que impide que una nueva vida, el óvulo fecundado, continúe con su proceso normal de desarrollo y consigue que se produzca un aborto.

Que la píldora del día después presenta también un efecto abortivo no es algo nuevo para mí ni para mucha gente que conoce el tema. Sin embargo, hace ya cerca de un año, cuando me dio por participar en un foro sobre el aborto, me tomé la molestia de investigar este tema en Internet y publiqué el siguiente trabajo que ahora comparto con todos vosotros. Es un poco largo, pero espero que sea de vuestro interés.



Cuando mantengo que la píldora del día después es abortiva no me estoy inventando nada, tengo los datos suficientes para afirmar algo así. No empezaría un debate de este estilo si no contara con la suficiente documentación para avalar mi postura. En ningún momento pretendo alarmar a nadie, y menos engañar; solamente concienciar a las mujeres que toman estas pastillas y no son conscientes de lo que de verdad ocurre en su interior, en el útero materno. A las partidarias del aborto, a las que abortan y toman pastillas abortivas sabiendo lo que hacen, imagino que todo este asunto en el fondo les dará igual.

El Instituto de Bioética de la Facultad de Posgrado en Ciencias de la Salud, de la U.C.A., ha emitido el siguiente dictamen:

“Desde el punto de vista técnico, este fármaco provoca una alteración en el transporte tubárico y también una des-sincronización en la maduración del endometrio según lo informa el mismo laboratorio que elabora y comercializa estas píldoras. Esto significa que el efecto buscado es inhibir la habilidad del endometrio para la anidación del embrión humano. Si la píldora es tomada en el período periovulatorio, impide el normal desarrollo y progreso del embrión humano, lo que elimina las posibilidades de supervivencia de dicho embrión, que ya está presente.

Durante todo el ciclo menstrual, dos eventos importantes se producen en el sistema genital de la mujer: la maduración y salida de un óvulo del ovario, con el objeto de que sea fecundado, y la preparación del endometrio uterino para la anidación del bebé. El endometrio está en su mayor nivel de receptividad en el período posovulatorio, de tal manera que, si existe la fecundación, esta receptividad será máxima, facilitando naturalmente el proceso de desarrollo del embrión. La implantación (sin duda una etapa importante en este proceso, pero una etapa más) se produce entre el quinto y el noveno día después de la fertilización. A este evento del desarrollo embrionario y de la maduración del endometrio, se lo llama sincronización y es un proceso natural in vivo, porque ambos factores se dan bajo los efectos de las mismas hormonas.

El levonorgestrel (droga especialmente usada para la píldora de la que hablamos) altera la receptividad del endometrio impidiendo que el embrión siga su desarrollo y pueda implantarse, ya que a la mucosa uterina se la altera de forma tal que le faltan vasos sanguíneos, consistencia (esponjosa) y espesor. Así, el “terreno” no es apto y la implantación no es exitosa, lo que provoca la muerte del embrión. Ésta es entonces la acción abortiva del levonorgestrel, que, por lo precoz de la misma, seguramente pasará inadvertida a la madre.

Finalmente, en otras palabras:

1) Si todavía la mujer no ha ovulado en el momento de ingerir la droga, ésta podría detener el proceso de maduración del óvulo y no habrá fecundación.

2) Si la mujer está en la ovulación o muy próxima a la misma, y efectivamente se produce la fecundación, la droga actúa sobre el endometrio no permitiendo que se desarrolle, que se ponga en condiciones para que se implante el embrión, produciéndose un aborto precoz, como queda dicho.”

Aparece aquí, una palabra, levonorgestrel, que, como veremos más adelante, presenta un significado clave en toda esta historia.

¿Por qué entonces se afirma en algunos sitios que este tipo de pastilla no es abortiva? Porque se basan en la declaración de la OMS sobre en qué momento se produce un aborto:

“Los folletos de ‘Sexo con seso’, la Federación de Planificación Familiar, Cruz Roja, el equipo Daphne, la SEC, y, por supuesto, Schering niegan que la píldora del día después sea abortiva. Se basan en la declaración de la OMS de que no es aborto hasta que se produce la implantación. Sin embargo, conviene recordar que la OMS es un organismo político, no científico, y que el 100% de los libros de embriología señalan el comienzo de la vida humana en la concepción, no en la implantación. Y en los prospectos de la PDD se reconoce su carácter ‘antiimplantatorio’. Es decir, que en los casos en que se haya producido la fecundación, hay aborto. Y esto puede ocurrir en el 75% de las ocasiones, según señala el Dr. Justo Aznar”.
(lanacion.es/2008/03/01)

Seguramente os preguntaréis en qué se basa la OMS para semejante afirmación. La explicación, o manipulación, podemos encontrarla aquí:

“En concreto, se proclama que la píldora no es abortiva. Todavía lo leíamos ayer en Diario de Navarra: ‘La Organización Mundial de la Salud asegura que no tiene efectos abortivos’. Es correcto, pero, para poder decirlo, la OMS ha tenido antes que torturar las palabras y hacerles confesar lo que no querían decir. Hace casi 30 años, encargó la OMS a un grupo de expertos que cambiara la definición de concepción. La cosa era necesaria para poder dejar el campo libre a la anticoncepción. Se sabía, y sobre todo se veía venir, que muchos anticonceptivos impiden la anidación de los embriones y, con ello, acaban con la vida de seres humanos ya concebidos. Los expertos hicieron un cambio muy sutil: dijeron que, en el futuro, concepción no sería ya lo mismo que fecundación, sino que el día primero de la existencia se retrasaba al momento de la implantación del blastocito en el endometrio. Con el arreglillo, la vida y, con ella, el comienzo del embarazo se retrasaban del día 1 al 14. Y, como el aborto es la interrupción del embarazo, ya no podía haber abortos antes del día 14. Sería incorrecto, a partir de entonces, llamar aborto a la destrucción de embriones de menos de 14 días de edad. Unos hicieron caso, otros nos negamos a dejarnos engañar.”
(Gonzalo Herranz. Profesor de Ética Médica. Universidad de Navarra)

Para mayor seguridad sobre el carácter abortivo de estas píldoras, vayamos a un prospecto de la píldora April, fabricada por los laboratorios que elaboran y comercializan estas píldoras:

COMPOSICIÓN
Cada comprimido recubierto contiene:
Levonorgestrel...................................................................................................0, 100 mg
Etinilestradiol.....................................................................................................0, 020 mg
Excipientes: betaciclodextrina, celactosa, almidón de maíz, croscaramelosa sódica,
dióxido de silicio coloidal, laurisulfato de sodio, lactosa monohidrato, estearato de magnesio, amarillo ocaso laca alumínica y Opadry YS-1 blanco.................................c.s.
ACCION TERAPEUTICA
Anticonceptivo estro-progestacional monofásico.
INDICACIONES
Anticoncepción hormonal.
ACCION FARMACOLÓGICA
El efecto sinérgico de uso combinado de estrógenos y progestágenos desde el comienzo del ciclo ovárico, inhibe la secreción hipotalámica de la hormona liberadora de gonadotrofinas (GnRH). Este mecanismo interfiere con el eje hipotalámico-hipofisario-gonadal y con la secreción de gonadotrofinas. Específicamente, los progestágenos inhiben la liberación luteinizante (LH), necesaria para la ovulación, y los estrógenos inhiben la liberación de hormona folículoestimulante (FSH). Como resultado de estos cambios, generalmente se inhibe la ovulación. Otros efectos incluyen el retraso madurativo del endometrio y la inhibición de la licuefacción del moco cervical que se produce durante el período ovulatorio. APRIL genera efectos que se asemejan al ciclo hormonal fisiológico, permitiendo un mejor control del ciclo.
Los anticonceptivos orales combinados constituyen el método anticonceptivo reversible más efectivo que se conoce.
(gador.com)

Comprobamos que aquí aparece la palabra mencionada anteriormente, levonorgestrel, que, como leíamos, “altera la receptividad de endometrio impidiendo que el embrión siga su desarrollo y pueda implantarse, ya que a la mucosa uterina se la altera de forma tal que le faltan vasos sanguíneos, consistencia (esponjosa) y espesor. Así, el ‘terreno’ no es apto y la implantación no es exitosa, lo que provoca la muerte del embrión. Ésta es entonces la acción abortiva del levonorgestrel, que, por lo precoz de la misma, seguramente pasará inadvertida a la madre”. Aunque el prospecto del medicamento no lo reconozca de forma explícita y hable sobre todo del efecto anticonceptivo de estas píldoras, podemos leer al final que “Otros efectos incluyen el retraso madurativo del endometrio y la inhibición de la licuefacción del moco cervical que se produce durante el período ovulatorio”.

Vemos, pues, que el endometrio, es decir, la mucosa que cubre el interior del útero para alojar al cigoto permitiendo su implantación, resulta alterado e imposibilita que el embrión pueda seguir su curso normal y muera. Comprobamos que lo afirmado en el artículo inicial se corresponde con el prospecto de los laboratorios que fabrican esta píldora. Estamos en condiciones de afirmar, por tanto, que la llamada ‘píldora del día después’, además de un efecto anticonceptivo, posee también un efecto abortivo.

sábado, 9 de mayo de 2009

La madurez de la ministra

Una cosa es la edad legal, la mayoría de edad, y otra distinta la edad mental, la madurez de una persona; en unos casos se corresponde la una con la otra y en otros casos, no. Esto me parece que es algo en lo que todos estamos de acuerdo. En España, la mayoría de edad se encuentra establecida en los 18 años, de manera que, cuando se alcanza esa edad, la persona adquiere una serie de derechos, como el derecho al voto, que anteriormente, cuando era menor de edad, no tenía.

Partiendo de nuestra legislación actual, no se comprende que una chica de 16 años no tenga ninguno de los derechos que se obtienen con la mayoría de edad y sí, en cambio, se pretenda que tenga acceso al supuesto derecho a decidir sobre su propio cuerpo, esto es, a eliminar al ser humano que lleva en su interior; o se es mayor de edad a los 16 años para todo o no se es. Esta pretensión de establecer la madurez a los 16 años resulta, además, del todo incomprensible si tenemos en cuenta no sólo las secuelas físicas del aborto, sino las psicológicas –el llamado síndrome post-aborto- que una decisión de este tipo puede acarrear y que puede marcar a una mujer para toda la vida.

Traigo todo esto a colación porque ha vuelto a ser una ministra –en este caso, la de Sanidad en una entrevista concedida a “La Razón”- la que ha vuelto a hablar de que las jóvenes de 16 años puedan abortar sin el permiso paterno. Esta vez, la ministra ha pretendido reforzar su postura, al hablar sobre las posibles diferencias de opinión entre los padres y la hija, con el argumento de que si “los padres aconsejan abortar a la menor y ella no quiere, muy poca gente dudaría de la madurez de la niña para poder decidir”.

Pues no, doña Trini, me parece que las cosas no son como usted las quiere ver. Si una niña –observen que es ella quien emplea esta palabra- dijera eso a sus padres, quizá nadie podría dudar de su madurez, efectivamente, pero no “para poder decidir”, sino, en todo caso, en caso de que sea una verdadera madurez, para comprender que “eso” que lleva en su interior no es “algo” sino “alguien” –tal vez como esas muñequitas con las que jugaba no hace mucho, pero de carne y hueso-, y que, si continúa adelante con su embarazo, un día verá luz, como seguramente habrá podido comprobar en su corta existencia. Si un padre, por seguir con el tipo de ejemplo que usted pone, dice a su hijo menor de edad que coja el coche para ir a recoger a su hermana pequeña al colegio y el hijo se niega, tampoco nadie dudaría de la madurez del hijo, por supuesto, pero no para “poder decidir”, sino para comprender que no se halla capacitado para una labor semejante, como pretendería el adulto y supuestamente maduro progenitor.

Comprobamos, por tanto, como veíamos al principio, que la madurez de una persona y su edad real no tienen por qué ir en consonancia. En los ejemplos que hemos visto, en el de la ministra –no por lo que ella piensa, claro- y en el nuestro, quienes son verdaderamente maduros son los hijos y no los padres, por mucha diferencia de edad que exista entre ellos. Hay personas que, a pesar de su corta andadura por esta vida, alcanzan un nivel de madurez sorprendente; otras, en cambio, da la impresión de que nunca lo conseguirán. Me temo, señora ministra, que usted pertenece al segundo grupo. Aunque quizá no todo esté perdido en su caso, porque en otro momento de la entrevista afirma que “siempre he querido ser la voz de los que no tienen voz”. Pues eso.