miércoles, 6 de julio de 2011

Atrás



Atrás, más atrás en el tiempo,
por los caminos de la luna
o en recuerdos del viento,
mas no para quebrar
la ley del cielo
o conjugar de nuevo el verbo.
Solamente un instante,
el terrible momento
-rotos al fin los años-
de mirarte a los ojos
y morirme de miedo.


martes, 14 de junio de 2011

Mi apellido: sacerdote

Por encima del narrador, del dramaturgo, del ensayista, del poeta, del periodista autor de miles de artículos, se encontraba el sacerdote. Así lo reconocía poco antes de morir: "Soy, soy, soy sacerdote. Por los siglos de los siglos." Y en un poema suyo escribiría: "Poned sobre mi tumba mi nombre./ Y mi apellido: sacerdote./ Y nada más./ Porque jamás he sido/ ni querido ser/ otra cosa." Nada se entiende en la vida y en la obra de José Luis Martín Descalzo sin esta pasión por el sacerdocio, por Cristo y por su Iglesia. Llaman la atención estas palabras precisamente en un día en el que leo que unos mal llamados sacerdotes, los tristemente famosos curas de la parroquia de San Carlos Borromeo, de Entrevías, en Madrid, profanan de forma permanente el sacramento de la Eucaristía mediante su administración a agnósticos, musulmanes y hasta a algún marciano si pasara por allí. Como si no sufriera bastantes ataques la Iglesia para que encima se la dinamite desde dentro. El pasado día 11 se cumplieron veinte años de la muerte de mi querido y admirado Martín Descalzo. Más de una vez he traído a este blog algún texto suyo. Hoy quiero rendirle un pequeño homenaje con uno de sus poemas, un soneto eucarístico perteneciente a su "Testamento del Pájaro Solitario", libro que fue el más vendido en la Feria del Libro de Madrid del año 91. Espero que os guste.


Alguien delante

¿Quién te sembró, Señor, en los trigales,
quién espió las nubes, quién rezaba
por tu Cuerpo de Pan, cuando se alzaba
la amenaza del sol y sus puñales?

¿Quién envolvió en ternísimos pañales
mis diminutas manos, quién soñaba
al borde de mi cuna y me enseñaba
a hablar del vino y de los cereales?

¿Quién llevó las espigas a mi mano?
¿Quién acercó mi mano a las espigas?
¡Oh, custodiada vida! ¡Oh, caminante
guiado por un soplo sobrehumano!
Ya no sé dónde voy. Manos amigas
me llevan. Voy. Ya voy. Y alguien delante.





sábado, 28 de mayo de 2011

Tarde de mayo



Lloviendo lleva toda la tarde en este mayo saciado de flores y de verdes prodigiosos. Bajo mi ventana, una rosa solitaria soporta estoicamente, cabeceando leve, el agua que cae sobre sus pétalos. Es una lluvia mansa, silenciosa, de esas que dicen que son capaces de pasar con suavidad las hojas del recuerdo. Como hice ayer cuando me refugié entre trastos viejos y telarañas del alma. No hizo falta escarbar muy hondo porque aún está reciente, a pesar del más de un año transcurrido. Unos pocos pasos de la lluvia y ya estabas ahí, como ayer mismo, como el último beso que luego supe de despedida. No recordaba, en cambio, los pequeños tesoros que tuve entre mis manos. Una petaca, una cartilla de un banco, unas viejas carteras llenas de estampas y algún pequeño calendario. De cuando era muy niño, de antes incluso que naciera, tu último año de soltero. Entristecía comprobar cómo esos años, que también serían luz y rosa, eran ahora un viejo papel ajado y amarillo. Así también nuestros nombres. Un día, tras muchas lluvias, serán papel envejecido, vivos quizá en el corazón de alguien, y otro día, tras muchas lluvias más, se disolverán para siempre en el viento. Ha dejado de llover y un tímido sol se ha posado en la rosa, como si una mano invisible y bondadosa intentara rescatarla del agua que arrastra a la descomposición. He ahí nuestra esperanza. Una luz tras las tinieblas, una voz tras el silencio, un corazón amante e infinito que nos rescate de los siglos.

A mi padre

sábado, 30 de abril de 2011

Sobredosis de belleza


-¿Cuándo acabaréis?
-Cuando termine.

Quién no recuerda la deliciosa pugna verbal entre el papa Julio II-Rex Harrison y Miguel Ángel Buonarotti-Charlton Heston en "El tormento y el éxtasis", la película dirigida por Carol Reed en 1965 en la que se narra la gestación de esa obra maestra de la pintura que son los frescos de la Capilla Sixtina. Nos contaba nuestro profesor de Historia del Arte de COU casos de gente que se había desmayado ante semejante sobredosis de belleza, en lo que se conoce como Síndrome de Stendhal, aunque el escritor donde en realidad se desmayó fue en la basílica de la Santa Cruz de Florencia.

No es lo mismo ir a ver una obra de arte que admirarla en la distancia, pero en cualquier caso aquí os ofrezco una visita virtual a la Capilla Sixtina en una presentación que dicen llevó tres años para armarla. Espero que os guste y preparad las sales por si acaso.

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jueves, 31 de marzo de 2011

Vuelta a la infancia


"Legendario Circo Mundial. Dos únicas funciones viernes y sábado a las 19:00 h." El cartel del circo transportaba a Pablo a una infancia que imaginaba situada en las orillas del tiempo, un lugar que suponía para siempre a salvo de las manillas del reloj. Los colores del payaso parecían dar una mano de pintura a los colores desleídos por los años, y las fauces del león despertaban de un letargo un temor infantil que volvía a removerse en su pecho. Hacía tiempo que un circo no visitaba la localidad, y pensó que sería una buena oportunidad para que sus retoños experimentaran las mismas sensaciones que él había sentido de pequeño. Sí, definitivamente lo haría; no esperaría al sábado y asistiría a la primera función, la del viernes, en compañía de sus muchachos.

No sabría decir quién estaba más entusiasmado, si sus hijos, que acudían por primera vez a un espectáculo semejante, o él mismo que volvía a ser niño otra vez, que se adentraba de nuevo en la carpa sagrada de la infancia. Los números circenses se sucedían entre la voz electrizante del maestro de ceremonias, el ojo inquieto de los focos y la entrega de un público que aplaudía a rabiar tras cada una de las actuaciones, a las que consideraba sólo posibles tras un caudal de horas que escapaba con mucho de sus cálculos. Trapecistas y volatineros, payasos y malabaristas lograban convertir en sonrisa el paso raudo de las horas. Por fin, el número que tantos esperaban: los leones. Una ligera inquietud comenzó a embargar el ánimo de Pablo cuando unos empleados comenzaron a montar la jaula que, a pocos metros de donde se encontraban, ocuparían en breves minutos las fieras. Era el miedo que había experimentado de niño, que crecía por momentos, el temor a que, a pesar de lo poco probable del suceso, algún animal se escapase y se abalanzase sobre él; era el Pablo niño que volvía. El rugido de uno de los leones, el más próximo a él y sus hijos, provocó que cerrara con fuerza los ojos en un gesto que, algunas veces de pequeño, le había permitido evadirse momentáneamente de la sensación de peligro. Sin embargo, en esta ocasión, cuando hubo de abrirlos, el miedo que le atenazaba no había retrocedido lo más mínimo: allí seguía frente a la fiera que, con su enorme cabeza y sus ojos sin clemencia, le miraba fijamente, armado tan sólo con una lanza, mientras la multitud gritaba enfervorizada su nombre:
- ¡Paulus, Paulus, Paulus!

jueves, 17 de febrero de 2011

I wanna be loved by you

Con el aire fresco del amanecer, hoy se ha levantado tu sonrisa, Marilyn. (No te esfuerces, Scarlett, Marilyn no hay más que una, y, por mucho que te arregles y te peines como ella, no dejarás de ser sólo una imitación; aunque tampoco está nada mal como eres). Ay, esa falda. Anoche tuve la oportunidad de volver a ver a Marilyn Monroe, en "La tentación vive arriba", una película que, por algún misterioso motivo, se me había escapado hasta ahora. Curiosamente, en la escena donde se le levanta la falda para refrescarse los... tobillos, aparece siempre de medio cuerpo, bien de cintura para abajo, bien el busto y sus palomares, y no como en las fotografías que todos conocemos. Unas fotos que, por cierto, le costaron el divorcio de su marido de entonces, el jugador de béisbol Joe DiMaggio. Nadie como ella para encarnar el papel de rubia tonta. O no tanto, que al parecer tenía un coeficiente de inteligencia superior al del mismísimo Einstein; gloriosa siempre y fascinante en cualquier caso. Es verdad que hay sonrisas, flashes, que atontan, y la suya es una de ellas. Es aparecer en pantalla y quedarte literalmente turulato, bajo el péndulo de su mirada y de las palabras que, aun en toda su intrascendencia, no dejan de parecer mandatos divinos. Fantástica Marilyn y fantástico Billy Wilder en la dirección y en el guión suyo y de George Axelrod, que en algún momento me recordó al Mihura de "Tres sombreros de copa". I wanna be loved by you, Marilyn, aunque sólo sea en ese transbordo a los sueños que es el cine. Ya, ya sé que esta canción pertenece a otra cinta -con otra vez las faldas y el maestro Wilder de por medio-, pero es siempre tan dulce oírla de tus labios, Marilyn...


jueves, 20 de enero de 2011

Los nombres compuestos


Encontró de nuevo el caballero una dama con la que -esta vez sí- descifrar el alfabeto de la luna. Le pareció que se trataba de ella, la tanto tiempo soñada, porque su aparición fue como la de un ángel; la transparencia y la calidez de sus palabras, ese jardín que dejaban intuir sus frases sólo podían provenir de las más altas regiones celestes. No hacía mucho que se había incorporado al lugar donde él trabajaba desde hacía años, y apenas sabía gran cosa de ella, de esos mundos que imaginaba altos y nevados con sólo su presencia; sus relaciones había ido poco más allá de los saludos y las frases de rigor. Pero daba por supuesto que esa luminosidad que experimentaba al escuchar su voz ella también la sentiría con él, que, si bien era cierto que parecía mostrar la misma calidez y amabilidad con otros compañeros de trabajo, estaba convencido, por razones que él solo sabría explicar, de que el elegido había sido él.


Aquel día estaba contento porque por fin había podido acceder al mundo que ella frecuentaba, a su círculo de amigos; lejos de la rutina del trabajo, tenía por fin la oportunidad de conocer quién era en realidad aquella hada de la que sólo conocía el nombre y unas cuantas estrellas. Llegado el momento de las presentaciones, llegó el turno en que ella debía nombrar al caballero. Dijo sin dificultad el primer nombre, mas -ay, la maldición de los nombres compuestos- titubeó y erró en el segundo. Todo el universo que se había construido se desmoronó en un segundo. La luna y las estrellas de sus sueños eran en realidad de cartón y papel platilla, y hasta la voz de ella, siempre limpia y luminosa como un domingo soleado, le parecía ahora moneda usada: él era sólo uno más de los beneficiados por la salida del sol, de los bendecidos por su luz generosa. Por supuesto ya no le entregaría la poesía que con tanta ilusión le había escrito, cuyas palabras sentía ahora desaparecer como emborronadas por una lluvia en su alma. Ya sólo esperaba el momento de la despedida, que procuraría buscar lo más pronto posible con cualquier excusa, para refugiarse en su castillo de soledad, un refugio harto conocido cuyo vacío parecían gritar con más fuerza los primeros rayos de la mañana.