jueves, 9 de julio de 2009

Catedráticos

En los primeros años de universidad, es raro que te dé clases el catedrático de la asignatura, misión ésta que suelen reservar para los últimos años de carrera. En mi breve paso por la universidad, sin embargo yo sí tuve el privilegio de recibir enseñanza por parte de alguno de estos monstruos del saber. Hablo, por ejemplo, de don Emilio Lorenzo Criado, cuyo nombre quizá todavía figure en alguno de los manuales de inglés para COU que circulan por ahí, un auténtico maestro de filólogos y de lingüistas que fue elegido miembro de la Real Academia Española en mi primer año de facultad y que, por motivos de salud, no pudo pronunciar su discurso de ingreso hasta dos años después, justo el curso que me tocó asistir a su magisterio; un sonoro aplauso fue su recibimiento al día siguiente cuando entró en el aula. También me refiero a don Mario Hernández Sánchez-Barba, catedrático de Historia de América, de quien las últimas noticias que tuve fueron una intervención suya en un programa de televisión sobre el posible “impeachment” a Bill Clinton y algunos artículos en el ABC. Grato recuerdo conservo de estas dos personas de las que, por razones que no vienen al caso, no pude disfrutar todo el tiempo que debiera.

Bueno, pues ahora no sólo de un catedrático, sino de dos, y sin necesidad de matricularse en ninguna universidad, podemos tener la fortuna de asistir a una lección magistral. Me estoy refiriendo, como muchos habrán supuesto, a Agapito Maestre y a Gabriel Albiac, y al programa “La tertulia con Los Catedráticos” que cada viernes emite Libertad Digital Televisión. Confieso que no he seguido el programa de forma regular desde sus inicios; el no poder ver esta emisora por televisión y tener que seguir la tertulia en diferido, en Internet y a través de un pequeño cuadradito, no han ayudado precisamente a mi afición por el programa.

Sin embargo, en los últimos tiempos me he acostumbrado a escucharles y ya no hay semana que pueda pasar sin verlos (no he probado si se puede seguir la emisión a través de eso que anuncian de “livestream”, en directo algunas veces y con la posibilidad de ocupar toda la pantalla del ordenador). El programa, muy bien moderado por Dieter Brandau, es un prodigio de inteligencia y de sabiduría, de juicio ponderado y claridad en las ideas, de respeto al oponente y de saber estar en un plató. Comienza con un repaso a los asuntos de mayor actualidad para pasar luego al debate de la semana, que en las dos últimas emisiones ha tratado respectivamente del perdón y del esfuerzo. Rodeados de libros y con escenas de películas para apoyar sus argumentos, los catedráticos ofrecen sus puntos de vista sobre el tema a tratar de manera ágil y amena. Vale la pena pasarse un rato por el programa, en el que podrán comprobar, además de cuestiones de más hondo calado, cómo Gabriel Albiac es capaz de vestir otro color que no sea el negro. La pena es que este viernes es el último programa de la temporada, que tratará sobre la amistad, una amistad que también parece haber surgido entre estas dos personas por el solo hecho de compartir unos minutos ante las cámaras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario