martes, 1 de diciembre de 2009

Perdón, violación y aborto

Hace unos días, mi estimado José Luis Alvite, cuya lectura en “La Razón” debo agradecer al inefable José Antonio Zarzalejos, autor en grado de tentativa del asesinato del ABC, hablaba en su columna, entre otros asuntos, del perdón y del aborto, y se sorprendía de que “los mismos que en nombre de Dios se muestran razonablemente capaces de perdonar al violador, sean en cambio intransigentes con quienes defienden un texto legal que permite el aborto de la mujer violada”.

Virtud cristiana es el perdón, en efecto; y mucho amor se necesita para perdonar a la persona que te ha violado, aunque delitos más graves han sido alguna vez merecedores de esta generosidad del corazón. El mismo Juan Pablo II perdonó a quien quiso asesinarle, aunque su hermoso gesto no consiguiera librar de la cárcel a Ali Agca. Y en más de una ocasión hemos podido escuchar cómo algún familiar del terrorismo etarra perdonaba a los criminales. Una cosa es el perdón, algo que no está al alcance de cualquiera y para lo que es preciso una grandeza de espíritu fuera de lo normal, y otra bien distinta la responsabilidad penal. No confundamos, por tanto, ambos términos. El violador podrá ser o no perdonado por la víctima, pero seguiría siendo merecedor de un castigo penal. Trasladando el mismo razonamiento a la cuestión del aborto, una cosa sería el crimen del aborto –esté o no penalizado- y otra bien distinta el perdón que la Iglesia pudiera otorgar a las personas implicadas en él, siempre que hubiera, claro, arrepentimiento por parte de las mismas. Lo que estaría en todo momento fuera de toda lógica, además de la más mínima perspectiva humana, sería considerar como un derecho ambos delitos, la violación y el aborto. ¿Se imaginan que algún político defendiera un supuesto derecho a la violación? Enseguida lo correrían a gorrazos, como es lógico. Pues en el mismo caso nos encontramos con aquellos que pretenden elevar el aborto a la categoría de derecho, con la consideración, además, de que esta acción, poner fin a una vida humana, es mucho más grave que la violación. Nos encontramos, por tanto, con que la nueva ley pretende no ya la despenalización de un delito –que continúa siendo horrible-, sino la consideración del mismo como un derecho.

Se hablaba también en ese artículo de la intransigencia, y muchas veces da la impresión de que siempre que sale esta palabra a relucir tuviera que ser necesariamente algo negativo. Pues yo sí me apunto a esa intransigencia que no permite la muerte de un ser inocente, como me apunto a la que no permite cualquier otro crimen, como me apunto a la que no permite la violación, porque, en definitiva, eso de “un texto legal que permite el aborto de la mujer violada” no significa otra cosa que “un texto legal que permite el asesinato de un ser que no ha tenido ninguna culpa de la violación”.

1 comentario:

  1. José Antonio Zarzalejos Nieto presentó demanda civil sobre protección del derecho al honor, contra Don Federico Jiménez Losantos........

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