martes, 3 de agosto de 2010

De una noche de verano


El sueño, el único lugar posible, donde aún luces nuevos tu vestido de entonces y tu blanca sonrisa, donde aún es posible caminar por páginas no escritas. Un instante tan sólo tu mirada, lo suficiente para creerme estrella y ser bautizado con lo imposible. Esos metros de eternidad que son el cine, con esa luz que cautivará a otras miradas, a los ojos aprendices de la noche y su misterio. Gran dama del nuevo firmamento, ilusión de mi sala más íntima, sólo por un instante el objetivo de tus ojos, de ese intento de infinito que enseguida se desvanece.

A Lauren Bacall

martes, 20 de julio de 2010

Lavando conciencias


Anda uno estos días sumido en el sopor de la enfermedad, pero hay cosas que pronto te despiertan de dolores, fatigas, modorras y demás letargos del verano. Vagando un poco por páginas de Internet, me encuentro con una pequeña tarascada entre uno del PP y otro que le reprocha que, en ocho años de gobierno popular en España, se practicaron 500.000 abortos y nadie de este partido movió un dedo por cambiar la ley. Le contesta el pepero que una cosa es que el aborto esté penado, excepto en tres supuestos, y otra que el aborto sea un derecho.

Evidentemente, no es lo mismo, pero para el caso viene a serlo, porque en ambos supuestos –peor, claro, con la nueva ley del aborto- la pérdida de vidas humanas sigue siendo elevadísima. Curiosa forma tienen algunos de lavar su conciencia, como si ésta pudiera depender de lo que diga una ley. Es decir, que si la ley pena el aborto pero no lo castiga en algunos supuestos, ya me puedo ir a dormir tranquilamente a casa porque en el fondo la ley lo castiga y aquí no ha pasado nada, ya no existen víctimas inocentes ni vidas truncadas en lo más tierno de su desarrollo. No comprendo cómo se puede uno “conformar” con los más de cien mil abortos al año que se producían con la ley anterior.

Se equivocan los del PP si piensan que derogando la nueva ley –algo que todavía está por ver- van a terminar las protestas. Que hay que acabar con esta ley demencial es algo fuera de toda duda; pero que nadie piense que es para volver al “régimen” anterior. Si algo ha tenido de positivo el nuevo engendro parlamentario, ha sido el despertar de una sociedad que hasta hace poco parecía dormida en un tema tan sangrante como el que nos ocupa. Si algo han tenido de positivo las Bibianas, Trinis, De las Vegas y demás pesadillas infantiles, ha sido el de servir de aldabonazo a una conciencia que parecía aletargada entre luces de neón y escaparates. Las protestas van a continuar mientras continúe el derramamiento de sangre inocente, mientras al ser más indefenso, bajo el amparo de leyes inicuas, se le siga negando el derecho a la vida. Al menos desde este sitio.

jueves, 8 de julio de 2010

La víctima más débil


Sacrificios olmecas. Aunque no existe evidencia irrefutable de sacrificio de infantes en esta cultura, se han encontrado esqueletos completos de recién nacidos, así como fémures desmembrados y calaveras, en un sitio olmeca en el estado de Veracruz llamado el Manatí. Estos huesos han sido asociados con ofrendas sacrificiales, particularmente unos bustos de madera.

Sacrificios mayas. La extracción del corazón aparece en algunas ocasiones en el arte maya. Los sacrificados parecen niños. La extracción de corazones de niños se ve en la cerámica pintada. Otro caso conocido es la Estela 11 de Piedras Negras en Guatemala, en la que se ve la cavidad pectoral de un niño sacrificado.

Sacrificios toltecas. En 2007 los arqueólogos anunciaron que habían analizado los restos de dos docenas de niños, de cinco a quince años, encontrados enterrados con figurillas de Tláloc. Los niños, encontrados cerca de las viejas ruinas de Tula, la capital tolteca, habían sido decapitados.

Sacrificios totonacas. Los totonacas en ocasiones sacrificaban niños para extraerles la sangre, la cual era mezclada con semillas para hacer una pasta que se comía entre los adultos.

Sacrificios aztecas. En Xochimilco, al sur de la Ciudad de México, se encontraron los restos de un niño de tres a cuatro años cuyos huesos presentaban una coloración naranja o amarilla traslúcida; texturas tersas o vítreas, y compactación del tejido esponjoso, además de estrellamiento del cráneo.

Sacrificios incas. “Capacocha” era la práctica inca de sacrificio humano, generalmente usando niños. Los sacrificios se hacían en o después de eventos importantes, como la muerte del Inca o durante una hambruna. Se escogía a los niños para ofrecérselos al Inca para esta ocasión. Se cree que los niños usados tenían que ser físicamente perfectos: lo mejor que se le podía ofrecer a los dioses. Los niños eran adornados con ropa fina y joyería, para ser escoltados al Cuzco a fin de reunirse con el emperador, donde se realizaría un banquete en honor de los niños. Entonces, el sumo sacerdote llevaba a las víctimas a la cumbre de la alta montaña, donde los sacrificaba por estrangulación o mediante golpes en la cabeza. Los misioneros escribieron copiosamente sobre el ritual, pero hasta muy recientemente no se había hallado evidencia arqueológica.

Sacrificios siglos XX-XXI. El sacrificio de niños, en especial de los no nacidos, continúa siendo una práctica bastante habitual en nuestros días, sobre todo en la parte del planeta conocida como Occidente. Los dioses antiguos, como Tláloc, Tezcatlipoca, Chalchitlicue o Quetzalcóalt, han sido sustituidos por otros llamados Placer, Egoísmo, Ideología, Fanatismo o Ignorancia. En algunas partes, incluso, se está empezando a sustituir las viejas leyes que condenaban el crimen por otras que lo consideran un derecho, con el fin de enraizar su uso en una sociedad cada vez más dada a estas prácticas antiguas. El método más utilizado para los sacrificios es el llamado “dilatación y curetaje”, en el que se utiliza una cureta o cuchillo provisto de una cucharilla filosa en la punta, con la cual se va cortando al bebé en pedazos con el fin de facilitar su extracción por el cuello de la matriz.

martes, 29 de junio de 2010

¡Es España, imbéciles!


“¡Es la economía, imbécil!” Ésta fue la frase que le soltó Bill Clinton a George Bush padre en la campaña electoral que le llevó por primera vez a la Casa Blanca. Con ella daba a entender que, aunque Bush había tenido un notable éxito en política exterior, con el fin de la Guerra Fría y la I Guerra del Golfo, el verdadero problema estaba en la economía y en la recesión que sufría el país en esos momentos. Nadie ponía sobre la mesa, por supuesto, el modelo de estado y la unidad territorial, en un país donde no suele aparecer ningún botarate que cuestione la idea de nación, y menos si le toca ocupar la presidencia.

Daba pena ver ayer a nuestros políticos, tras la resolución del TC sobre el Estatuto catalán, presentar ésta como la que más se ajustaba a sus esperanzas, al modo de los resultados de unas elecciones, donde siempre parece que todos ganan y nadie pierde. A Zapatero y sus secuaces ya los conocemos: odian España, sus costumbres, sus tradiciones, todo lo que suene a español, y son capaces de pactar hasta con el mismísimo diablo o con el sultán de Marruecos con tal de seguir en el poder. De los otros –patética ayer Soraya-, en cambio, se esperaba algo más, una defensa de la idea de España –y una perseverancia en ella- con la que muchos nos hemos criado y hemos aprendido a amar a esta tierra. Qué espectáculo ayer el de nuestros políticos, he ganado yo, has perdido tú y, mientras, España desangrándose como la verdadera víctima de sus disputas. Dan ganas de gritarles lo de Clinton a Bush hace unos años, cambiando, como es lógico, los términos de la exclamación: “¡Es España, imbéciles!”

sábado, 26 de junio de 2010

El origen de "La Roja"


Creo que era al amigo Lucio al que le comentaba hace unos días que la primera vez que oí eso de “La Roja” fue en labios del anterior seleccionador, Luis Aragonés, por lo que pudiera éste ser su origen. Al parecer estaba en lo cierto. El pasado domingo leía en las páginas de “La Razón” digital unas declaraciones suyas, al poco de llegar al cargo, en las que decía que le gustaría “que la selección tuviera un nombre, una identidad. Igual que Brasil es la canarinha o Argentina la albiceleste, me gustaría que España fuera La Roja”.

No tiene, por tanto, este término connotaciones políticas. Igual que Uruguay es la celeste, Italia la azzurra, o Francia “les bleus", “La Roja” sólo alude al color de la camiseta, aunque el nombre haya calado sobre todo en los medios prisaicos. Pretendía Luis con esto conseguir una mayor identificación de la afición con el equipo de todos los españoles, y razones creo que no le faltaban. A mí me da envidia ver cómo en otros países el primer equipo de todos es la selección nacional. Aquí no. Aquí el primer equipo es el Madrid, el Barça o el Alcoyano, que ya hay que tener moral para esto último.

Hasta hace poco, a España se la conocía como “La Furia”, un apelativo que nació en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920 cuando, en un partido contra Suecia, Belauste, al grito de “A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo”, pedía el balón con el que conseguiría el primer gol de una remontada que se había puesto muy difícil. Y en algunos lugares de Hispanoamérica se la conoce como “La Furia Roja”, una denominación que ayuda a distinguirla de la selección chilena, nuestro rival de ayer, que reclama para ella sola el sobrenombre de “La Roja”.

La verdad es que, viendo ahora la añada de nuestra selección, formada en buena parte por jugadores técnicos y no demasiado fuertes, no parece que nos cuadre mucho eso de “La Furia”, algo que sí definía bien a los Camacho, Maceda o Gordillo de otro tiempo, aunque esto es algo que va por épocas. En cualquier caso, seamos “La Roja”, “La Rojigualda”, “La Furia”, o como quiera que se nos llame, lo importante es que España sea el equipo de todos y reciba nuestro apoyo. Y que ganemos, a ser posible.

jueves, 24 de junio de 2010

El perturbado


Leo que “Un perturbado ataca el Jesús del Gran Poder de Sevilla y le arranca un brazo”, y no puedo evitar pensar en el inquilino de la Moncloa. Luego compruebo que no, que se trata de un funcionario de prisiones de la cárcel de Huelva, de 37 años, que al parecer tiene alteradas sus facultades mentales y se cree nada menos que Jesucristo.

Algo tendrá nuestro presidente para acordarme de él al leer la noticia. Hay un libro que se llama “El iluminado de la Moncloa”, de Pío Moa, y el otro día César Vidal comentaba que a veces le daba la impresión de que Zapatero no se encontraba muy bien de la cabeza, después de aconsejar al Primer Ministro británico que emprendiera cuanto antes las reformas económicas necesarias para salir de la crisis. Así que parece ser que no soy el único en asociar su nombre al de un perturbado. Pero no es, como decía antes, Zapatero el autor de esta agresión a la venerada imagen sevillana que, por fortuna, no ha sufrido daños de gran consideración y volverá a estar expuesta al culto en pocos días.

Me doy cuenta, sin embargo, de que Zapatero quizá no sea el autor del atentado al Jesús del Gran Poder, pero sí de otras acciones por las que muy bien podría ser tildado con el calificativo de perturbado. Porque desde luego hace falta ser perturbado para, bajo el amparo de una ley como la de Memoria Histórica, provocar de nuevo el enfrentamiento entre españoles reabriendo las heridas de la Guerra Civil. O hace falta ser también perturbado para intentar cambiar de la noche a la mañana las tradiciones religiosas de todo un pueblo, como lo sucedido en el Corpus de Toledo hace unas semanas o con la nueva Ley de Libertad Religiosa que se avecina. Por no hablar de que es prácticamente imposible que reconozca su inutilidad para sacarnos de la crisis y marcharse así de donde nunca debió haber llegado, o de esa ley demencial que pretende convertir en un derecho el asesinato de niños inocentes; no me extraña que luego se quejen del descenso de la natalidad.

El perturbado de Sevilla al menos se encuentra en observación psiquiátrica; en cambio, el perturbado que nos gobierna continúa en su sitio y prácticamente no hay día que no haga alguna de las suyas. Todo un país con el alma en vilo esperando a ver hacia dónde se dirige el próximo disparo, o en la esperanza de que al menos los Obamas o las Angelas Merkel de turno pongan un poco de remedio a su solemne incapacidad.

martes, 15 de junio de 2010

Días de junio


“Junio es amigo del sol”, dice una conocida cancioncilla sobre los meses del año. Sin embargo, este año me parece que el mes ha tomado de la diosa Juno tan sólo el nombre. No recuerdo un junio así; ni mi madre, que es mayor, tampoco. Diríase que hubieran cancelado el verano y nos encontráramos ya con los primeros fríos de septiembre, con ese cielo gris y esa lluvia con que se anuncia el otoño.

En el jardín, el gato gris del que hablaba en mi crónica de febrero se ha transformado en un gatazo oscuro, casi negro, con algún toque de amarillo. El gris sigue viniendo, pero parece haber cedido la corona del Beckham a este rival más poderoso, y más sociable, pues no sale como un rayo en cuanto atisba la más mínima presencia humana. Con el único que pone los pies en polvorosa, y aun así sólo cuando se acerca demasiado, es con el Rufo, el auténtico monarca de este sitio, que parece empeñado en llevar hasta sus últimas consecuencias eso de “como el perro y el gato.”

El Rufo. ¿Cuántos años tendrá ya? Ya sé que son catorce, pero ¿a cuántos equivalen de la vida de una persona? Sean los que sean, debe de ser bastante mayor. Y vaya si se nota. Llevo un tiempo que he notado que está un poco teniente, o bastante, que a veces tengo que despertarle con la mano para dar nuestro paseo diario. Quién lo iba a decir. El Rufo, sordo, sin uno de los sentidos que le hacen infinitamente superior al ser humano. Quizá tenga también sus ventajas y este año no salga despavorido cuando tiren los cohetes en las fiestas.

Hace un rato que ha cesado la lluvia escasa y que se han marchado esos negros nubarrones que amenazaban con un diluvio, y ahora luce un sol espléndido. La tarde se ha quedado inmóvil, calmada, y el verde nuevo de los árboles resalta ahora con toda su intensidad, consumada ya la primavera. Algo así debe de ser ese “silencio verde, todo hecho de guitarras destrenzadas”, del que hablaba Gerardo Diego. Otro silencio, además, más intenso que el anterior, se cuela por las ramas de los árboles y penetra hasta el alma. Es el silencio de quien amaba estos árboles y esta luz, y que se ha marchado para siempre. Es el silencio que aún duele y pregunta con la última palabra. Divina esta brisa que dice que algún día continuará la conversación interrumpida.